Después de su estremecedora aventura en Laponia, Philippe Echaroux partió hacia Indonesia con su Elinchrom FIVE, centrando su atención en el famoso volcán Bromo. Su objetivo era arrojar luz sobre las dificultades que enfrentan las comunidades más vulnerables y aumentar la conciencia sobre las consecuencias destructivas del cambio climático.
Tras un viaje de 40 horas, por fin llegamos a Indonesia. Nos encontrábamos en una de las cumbres más famosas del país, el Monte Bromo, a una altitud de 2.200 metros. Las chanclas dejaron de ser una opción adecuada; en su lugar, sacamos los gorros y nuestras chaquetas de plumas más abrigadas. La temperatura a esta altitud ronda más bien los 10 grados que los 35. En cuanto al sol, apenas aparece y solo nos acompaña brevemente, sobre todo entre las cinco y las siete de la mañana.
El Monte Bromo es un volcán excepcionalmente activo que emite continuamente un humo denso y sulfurosо que satura toda la caldera (el cráter exterior que rodea al volcán) y sus alrededores.
Llegamos al final de la temporada de lluvias, cuando todavía son frecuentes las tormentas eléctricas. Instalarse en una bonita playa de la costa podría haber sido una solución, pero ¿dónde estaría entonces la diversión? En lugar de eso, allí estábamos, en un entorno brumoso y cargado de azufre, viviendo con el riesgo latente de una erupción volcánica.
Para este viaje, quería contar con un equipo portátil y práctico, ya que íbamos a tomar imágenes en una gran variedad de lugares, incluidas plantaciones embarradas y empinadas, la cima del volcán y mucho más.
Necesitaba, por tanto, algo que me permitiera ser al mismo tiempo móvil y eficiente.
Opté por Elinchrom FIVE por su versatilidad. Su potente salida me permitió capturar retratos en complicadas condiciones de contraluz al amanecer, especialmente cuando el sol quedaba oculto. Además, FIVE ofrecía la capacidad de iluminar escenas más amplias, proporcionando un contexto visual para los sujetos y su entorno.
En cuanto al modificador, elegí la Rotalux Square Softbox de 70 cm (27″). Esta pequeña softbox facilita el transporte, especialmente al atravesar terrenos difíciles durante caminatas. Además, me permite acentuar el sujeto principal al tiempo que ilumina también el entorno. Esta versatilidad resulta muy valiosa al fotografiar retratos de viaje y aportar contexto a las imágenes.
Mis fotografías son una mezcla de luz natural y artificial. Con el clima constantemente cambiante del Monte Bromo, había muchos elementos fuera de nuestro control. La parte positiva es que podía confiar en mi Elinchrom FIVE y en su batería para enfrentarse sin vacilar a los niveles de humedad excepcionalmente altos.
Además, fotografiar a personas con las que no compartes un idioma común supone un desafío adicional. En esas situaciones, la comunicación no verbal y la improvisación juegan un papel crucial, ya que la barrera lingüística combinada con las diferencias culturales da lugar con frecuencia a momentos inesperados. En este contexto, no dependemos de un plan específico y previamente establecido. Encontramos rápidamente un lugar para hacer el retrato y dejamos que el momento nos guíe.
Aunque para algunas personas esto puede resultar estresante, personalmente lo encuentro enormemente gratificante. En mi opinión, es precisamente en esos momentos de incertidumbre cuando el arte encuentra su verdadera fuerza. Sin embargo, también es importante reconocer que los fracasos forman parte de aventuras como esta, especialmente cuando se trabaja fuera de los límites del estudio y se asumen los retos que ello implica.
Más allá de las pruebas y las incertidumbres, este viaje por Indonesia ha resultado ser una aventura realmente enriquecedora.
Cuando uno ve retratos o proyecciones en internet, es fácil pasar por alto la cantidad de esfuerzo que hay detrás de su creación. Es importante tenerlo presente. Sin embargo, es un esfuerzo que merece absolutamente la pena. Ahora estamos listos para afrontar nuevos retos, explorar nuevos horizontes y seguir contando historias a través de nuestro arte.